-“El
que encuentre los siete pasadizos secretos inmediatamente obtendrá la
inmortalidad”.
Así decía la profecía que en la mansión reinaba.
Así decía la profecía que en la mansión reinaba.
Esa misma noche el niño miró por la ventana y divisó en su jardín, unos hermosos conejitos con un enternecedor aspecto. El solo verlos lo obligó a llamar a su mayordomo:
-Edward,
me harías el favor de de dejar pasar a ésos hermosos conejitos que se
encuentran en el jardín, dónde los pobres se están mojando en la sepulcral
lluvia de esta noche- le preguntó el joven con amabilidad.
A lo cual el mayordomo Edward, como era de
costumbre, sin responder y con un asentimiento de la cabeza, realizó lo pedido.
A la mañana siguiente, cuando despertó, vio
un pequeño destello rojizo en los ojos de uno de los tiernos conejitos. Fué ahí
cuando se le despertó la duda acerca de la profecía y quiso averiguar más
acerca de los pasadizos pensando que esos casuales conejos podía estar relacionados en alguna forma con esta.
En el atardecer del día siguiente fue cuendo Rafael vio
a uno de los conejitos saliendo de la casa. Una sombra se juntaba con la del
conejo…Parecía la de un Lobo…¡¡¡Oh, No era un Hombre Lobo!!!Luego el niño vio
cómo se desparramaba la sangre del conejito por el patio.
En ese instante se puso a correr desesperadamente y con un inmenso valor tras la pista del Hombre-Lobo. Cuando llegó a su encuentro se quedó tras una enredadera espiando; logró ver que la criatura tocó una serie de teclados en un escudo y se abrió un pasadizo. Era el pasadizo del hombre-lobo; este hombre-lobo era distinto al que conocemos puesto a que no necesitaba ni la noche ni la Luna llena para salir.
En ese instante se puso a correr desesperadamente y con un inmenso valor tras la pista del Hombre-Lobo. Cuando llegó a su encuentro se quedó tras una enredadera espiando; logró ver que la criatura tocó una serie de teclados en un escudo y se abrió un pasadizo. Era el pasadizo del hombre-lobo; este hombre-lobo era distinto al que conocemos puesto a que no necesitaba ni la noche ni la Luna llena para salir.
El niño así de asustado como estaba juntó
coraje y fué al mismo sitio dónde, con esfuerzo logró descifrar la clave del escudo.
Cuando entró estaba todo oscuro excepto por la luz de una única vela que alumbraba la gigantezca cabeza de la bestia zoomorfa
que le dijo:
-Además
de ser un hombre-lobo también soy adivino y acabas de encontrar uno de los 7 pasadizos –contestó la bestia con una voz lenta y rasposa- el próximo horror que
encontrarás será el Súper-Frankenstein, quién lleva un hacha en la mano.
Cuando el niño salió del pasadizo se encontró con un camino de sangre que fluía hasta dentro de la casa. El niño siguió el camino y se encontró con el cadáver de otro de los conejitos y al Súper-Frankenstein alejándose por el pasillo hacia el salón. Rafael siguió el mismo camino que había tomado el monstruo, donde encontró al Súper-Frankenstein, al último conejito que en realidad era un demonio, un Drácula con espada y que no le hacían daño las estacas o el ajo, un fantasma con cadenas de hierro, un zombi y a la muerte con su oz.
Como no eran muy inteligentes Rafael les pidió
que lo guiaran hacia los 6 pasadizos restantes; a consecuencia luego de haber
pasado por todos, el niño obtuvo la inmortalidad.
En el momento en que se dieron cuenta de que
el niño ya había pasado por todos los pasadizos comenzaron a perseguirlo por
todo el castillo. El niño para no morir creó un clon suyo y el se
teletransportó a Argentina donde vivió feliz con una nueva y hermosa vida.
Si quieren saber estimados lectores que le
sucedió al clon pues lo despedazaron y se compartieron los pedazos para comer a veces 100.000 años esperando por alguien que encuentre los pasadizos puede dar hambre…
Fin
